La autodestrucción de Trump-El 61% de los ciudadanos desaprueba la gestión de Trump, de los que un 55% asegura estar muy disgustado

Cadena de destituciones en Washington

La autodestrucción de Trump

  • Las falsedades del presidente erosionan su poder y la relación con su partido
La autodestrucción de Trump
El presidente viajó ayer a bordo del Air Force One a un campo de golf en Nueva Jersey para pasar 17 días de vacaciones (Nicholas Kamm / AFP)
, Nueva York. Corresponsal

Los Boys Scouts tienen unas reglas de oro. Una de las primordiales señala que “un scout digno de confianza dice la verdad”.

Donald Trump nunca formó parte de esta organización.

“No le preocupa ser un presidente veraz”, diagnostica en conversación telefónica Julian Zelizer, autor y profesor de Historia en la Universidad de Princeton.

“Desconocemos qué hay en su interior le lleva a no decir la verdad, si es que no recuerda las cosas que dice o si es una estrategia. Pero hay episodios que resulta evidente que no son ciertos, se interpreten como se quiera”, matiza Zelizer.

“¿Por qué lo hace? No lo sabemos, pero para la mayoría del país socava su credibilidad, lo vemos en las encuestas”, precisa Zelizer.

La prospección más reciente de la Quinnipiac University indica que el 61% de los ciudadanos desaprueba su gestión, de los que un 55% asegura estar muy disgustado, la cifra más alta registrada a largo de su mandato.

Y a pesar de que mantiene una fuerte base conservadora, este sostén también baja. Si la aceptación entre los suyos se situó en el 84% en junio, la cifra se reduce al 76% a primeros de agosto.

El 61% de los ciudadanos desaprueba la gestión de Trump, de los que un 55% asegura estar muy disgustado, la cifra más alta registrada a largo de su mandato

En el conjunto, el 62% no lo considera honesto. Los seis meses de su presidencia suponen una constante erosión. Su conducta está marcada por una sucesión de afirmaciones manifiestamente falsas, unas que contradicen a otras sin rubor, y que convierten a la Casa Blanca en una versión actualizada del hotel de los líos de los hermanos Marx.

Estas dos últimas semanas, sin embargo, ilustran como pocas la capacidad de Trump para la autodestrucción y la confrontación con su equipo, sus aliados republicanos en el Capitolio, las instituciones o gobiernos foráneos.

Entre el lunes y el martes, alardeó de haber recibido dos llamadas telefónicas para felicitarle. Una de su homólogo mexicano, Enrique Peña Nieto, al parecer impresionado por la caída en el número de indocumentados que cruzan la frontera por su labor.

Los seis meses de presidencia de Donald Trump suponen una constante erosión

La otra, de los líderes de los Boy Scouts, para agradecerle “el mejor discurso que jamás” un presidente había pronunciado en su fiesta o jamboree, celebrada el 24 de julio. La prensa generalista, no la especializada en conspiraciones, apuntó que su intervención provocó consternación por el elogio a su ego y los insultos a los que lo observan con mirada crítica.

De hecho, nada más concluir su perorata, los Scouts replicaron que estaban al margen de partidos y que no apoyan a candidatos.

El Gobierno mexicano y la organización juvenil desmintieron en público esas supuestas llamadas de congratulación. La cuestión llegó hasta la portavoz, Sarah Huckabee Sanders, quien reconoció su inexistencia.

–¿Mintió? ¿No recibió esas llamadas telefónicas?

–No diría que mintió. Esa es una acusación bastante atrevida.

–¿Cómo lo definiría?

–Las conversaciones se celebraron, pero fueron en persona.

El equipo de Trump ha propiciado los denominados hechos alternativos. Esta expresión cuadra con lo ocurrido el pasado lunes.

Esa jornada amaneció con un tuit presidencial: “No hay caos en la Casa Blanca”. Al rato y tras tomar posesión el general John Kelly como jefe de gabinete, se anunció que Anthony Scaramucci, a los diez días de ser director de comunicación –de rebote propició la marcha de Sean Spicer–, había recibido el cese fulminante.

A Kelly no le gustaba el estilo del apodado The Mooch (gorrón) o “mini Trump”. La excusa para despedirlo fueron unas declaraciones de tono grueso al The New Yorker contra el asesor Steve Bannon y Reince Priebus, que abandonó el cargo de jefe de gabinete después de esa arremetida.

En realidad, esta escena marxista ha propiciado que saliera a la luz la guerra interna propiciada por un volátil presidente y sus consejeros plenipotenciarios, como son su hija Ivanka y su marido, Jared Kushner.

Para ellos, Scaramucci había logrado su misión, la de forzar la marcha de Priebus, hombre fichado del partido con la tarea de tratar de domar a Trump. Pero la familia lo veía como una atadura y, en parte, un traidor, porque cuando en campaña trascendió el audio en el que el entonces candidato alardeaba de coger a las mujeres por sus genitales, Priebus se puso del lado de la condena.

Si bien de entrada Trump se jactó de las declaraciones de Scaramucci, Kelly le convenció de que eran inapropiadas. Ivanka y Kushner trataron de promocionar a Dina Powell, consejera adjunta de seguridad nacional, como jefa de gabinete. Pero al certificar que el presidente había alcanzado un acuerdo con el general, se pusieron a su favor.

“Donald Trump pide absoluta lealtad, no a un ideal, sino sólo a él. A cambio, los aliados y asociados reciben inseguridad y la constante amenaza de la humillación”, escribe uno de sus biógrafos, Michael D’Antonio, en un artículo para el Daily News.

Aviso para navegantes. La irrupción de Kelly, que dejó su puesto como secretario del Departamento de Seguridad Nacional, no ha significado un cambio aparente en la actitud de Trump.

Su red social sigue atacando a los medios de comunicación que no le ríen las gracias –más bien airean sus vergüenzas–, y, en especial estas dos semanas de verano, a los colegas republicanos: por no sacar adelante una reforma que destrone la Obamacare; por atarle de pies y manos a la hora de firmar sanciones internacionales, entre las que se incluye al Kremlim –“Las relaciones con Rusia están peor que nunca, muy peligrosas. Lo podéis agradecer al Congreso, la misma gente que no puede sacar adelante una ley sanitaria”, tuiteó– o por cerrar filas con Jeff Sessions, el fiscal general y exconfidente de Trump, en horas bajas al recusarse y facilitar el nombramiento de un investigador especial para el Rusiagate.

“Este antagonismo puede tener un coste político”, remarca el profesor Zelizer. Ese conflicto, de ahondarse, plantearía incluso a muchos republicanos la idea del sálvese quien pueda.

“Ningún partido abandonó tan rápidamente los principios básicos como hizo mi partido en la campaña del 2016”, sostiene el senador republicano Jeff Flake en su libro Conscience of a conservative, que salió el pasado martes, la primera gran declaración interna anti Trump. El trumpismo se ha movilizado para financiar a quien sea para quitarle el escaño.

http://www.lavanguardia.com/internacional/20170806/43374456213/autodestruccion-trump.html

EN LA UNIÓN EUROPEA NO QUEREMOS EL IDIOMA INGLÉS COMO IDIOMA OFICIAL

Reino Unido

Los ingleses y su manía persecutoria

  • El Banco de Inglaterra advierte que la incertidumbre bloquea las decisiones de inversión de las empresas y la libra ha caído un 20%
Los ingleses y su manía persecutoria
La premier británica, Theresa May, y su marido pasean por Desenzano del Garda, en el norte de Italia, donde están pasando sus vacaciones (Antonio Calanni / AFP
, Londres

El egocentrismo de algunos –muchos– partidarios del Brexit es inconmensurable. Tanto es así que periódicos antieuropeos como el Daily Telegraph y el Daily Mail han interpretado las colas en el aeropuerto de Barcelona (y otros) como una maniobra contra los turistas británicos para advertirles de las consecuencias de salir de la Unión Europea y mostrarles lo que vale un peine.

Pero así de obtusos se han vuelto los euroescépticos, que siempre han visto en el continente la culpa de todos los problemas del Reino Unido. Antes, por la burocracia que imponía la forma de las manzanas y el tamaño de los plátanos, dictaba las medidas de seguridad para los autobuses de dos pisos y boicoteaba las bombillas de fabricación inglesa. Ahora, con el divorcio ya en trámites, porque supuestamente discrimina en los aeropuertos contra las familias de Essex y Kent, examina sus documentos con especial rigor y arruina su inicio vacacional.

Algunos diarios británicos han interpretado las colas en el aeropuerto de Barcelona (y otros) como una maniobra contra los turistas británicos

Alentado por los fanáticos, un alto funcionario del Gobierno ha pedido vendetta, y que en los puntos de entrada al Reino Unido se instalen colas rápidas para los nativos, y colas a paso de tortuga para los ciudadanos de Ruanda, Nueva Zelanda, Jordania, Bangladesh… y países de la UE. Al fin y al cabo, “no son de los nuestros y hacen todo lo posible por fastidiarnos”. Algunos partidarios del Brexit parecen a un tris de pedir medidas casi de limpieza étnica, lo cual no es del todo aberrante teniendo en cuenta que muchos de ellos votaron por el neofascista UKIP para eliminar o reducir la inmigración al país.

“Es cierto que la UE ha aumentado la seguridad en los aeropuertos, pero uno se pregunta si no es un subterfugio para castigarnos por no estar en la zona Schengen y mostrarnos la medicina que nos espera cuando el Brexit se haga realidad”, ha dicho Lord Callanan, secretario de Estado de Aviación. Y se ha quedado tan ancho.

Es cierto que la UE ha aumentado la seguridad en los aeropuertos, pero uno se pregunta si no es un subterfugio para castigarnos por no estar en la zona Schengen”

Lord Callanan

Secretario de Estado de Aviación

Ya se le llame egocentrismo, arrogancia, desdén, menosprecio o sentido de superioridad, los partidarios del Brexit están cada vez más enrocados en sus posturas monolíticas, mientras tanto el Gobierno como la oposición debaten internamente –y no llegan a conclusión alguna– sobre la forma del inminente divorcio. La primera ministra Theresa May se ha ido de vacaciones a los Alpes, y se la ha visto –y oído– cantando, patriótica ella, el Dios salve a la reina en el bar de un hotel de montaña italiano. Pero no ha dejado a nadie a cargo del Gobierno. Con la casa patas arriba, unos y otros aprovechan para intentar imponer su autoridad. El ministro de Economía, Philip Hammond, en teoría número dos del Gobierno y apoyado por la responsable de Interior, Amber Rudd, ha aprovechado para dar por hecho un periodo de transición de tres años, hasta el 2022, en el que continuaría la libertad de movimiento, Londres seguiría sujeto al Tribunal de Justicia de Luxemburgo y “compraría” un modelo de relación comercial que ya está en los escaparates, como el de Noruega o Suiza.

Pero la respuesta de los halcones (el ministro del Brexit, David Davis; el de Medio Ambiente, Michael Gove; el de Exteriores, Boris Johnson, quien incluso habría amenazado con dimitir) no se ha hecho esperar, y han presionado a May para que proclame que ese aterrizaje suave no está decidido, y que el objetivo británico no es imitar una fórmula como la noruega, sino negociar una a medida, como si Bruselas fuera una sastrería como las de Savile Row y hubiera todo el tiempo del mundo para confeccionar el traje.

No es el caso según el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, que ha advertido que las incertidumbres del Brexit ya están pasando factura, bloqueando las decisiones de inversión de las empresas, congelando el crecimiento económico y endeudando a las familias. La inflación sube mientras los salarios permanecen congelados, la libra esterlina ha perdido un 20% de su valor desde el referéndum, y el déficit ha alcanzado niveles récord a pesar de todos los sacrificios de la austeridad. Para los brexiteros, el banquero no tiene credibilidad porque es canadiense…

La suerte de May es que la oposición laborista está igual de confundida y dividida. Los diputados del norte de Inglaterra exigen controles a la inmigración porque sus votantes los piden, los de Londres quieren la permanencia en el mercado único o incluso un nuevo referéndum, y amenazan con una votación en otoño proponiendo la permanencia en el Espacio Económico Europeo que podría hacer caer al Gobierno. Y mientras tanto el líder Jeremy Corbyn, de vacaciones en Dubrovnik, no se pronuncia en ningún sentido. Tic tac, tic tac, como dice el negociador de la UE, Michel Barnier. El impasse británico no puede durar eternamente.

http://www.lavanguardia.com/internacional/20170806/43374360155/brexit-empieza-pasar-factura.html

 

Publicado por

Ferran Sala

El Fideuer de Calaf-La Flor de l´Alta Segarra-Pasta Sala Integral